LECTURAS DE SEGUNDO BACHILLERATO


LECTURAS RECOMENDADAS EN SEGUNDO BACHILLERATO CURSO 2012/2013

La ponencia de Selectividad de la Universidad de Sevilla recomienta las siguientes obras:
Ramón Mª del Valle-Inclán, Luces de Bohemia.
Pío Baroja, El árbol de la ciencia.
Alberto Méndez, Los girasoles ciegos.
Gabriel García Márquez, Crónica de una muerte anunciada.
Muestra antológica de A. Machado, J.R. Jiménez, y algunos poetas del 27.
Al tratarse de una recomendación, la ponencia hace constar que los exámenes correspondientes al curso presente no han de incorporar de forma obligatoria textos extraídos exclusivamente de las obras arriba mencionadas. 

Para una mejor compresión lectora, aquí os dejamos materiales que complementan la lectura de los libros:

LUCES DE BOHEMIA, VALLE-INCLÁN 


ACERCAMIENTO A ALEJANDRO SAWA...,  
Lo que de verdad dio fama al príncipe de los poetas modernistas, al exquisito Alejandro Sawa (1862-1909), fue su muerte. Cosa común, morir, pero es que a Sawa no le reconocieron su originalidad. Nació en Sevilla, viajó al París de Verlaine, escribió obras bohemias y fue el más maldito de los malditos hasta que no hubo fracasado como se esperaba de un artista maldito: con una muerte en la indigencia. “Tuvo el fin de un rey de tragedia. Murió loco, ciego y furioso”, diría su amigo Ramón María del Valle-Inclán, que lo inmortalizó como el inolvidable Max Estrella de “Luces de bohemia.
Sawa vivió en París los años de eclosión del movimiento simbolista, germen de lo mejor de la literatura de vanguardia y del peor alcoholismo. En aquel París poseído por el hada verde de la absenta, dicen que Sawa conoció a Victor Hugo, que éste le dio un paternal beso en la frente y que no volvió a lavársela. Él lo desmentía con tanto ímpetu, que siguió haciéndolo cuando la anécdota se había olvidado… En París, el sevillano vivió de una marquesa y conoció a la élite de los poetas malditos, capitaneada por el borracho mayor Paul Verlaine. Fue una de las estrellas del fin de siècle y, como pedían los decadentes, hizo de su vida una obra de arte cuyo acto final, con esposa e hija francesas, representó en España.
La verdadera maldición sería volver a Madrid, una ciudad provinciana en la que Sawa, con un aristocrático acento francés, sobrevivió escribiendo trabajos por encargo e incluso, dicen, como negro de su amigo Rubén Darío. También en Madrid comenzó una de las obras maestras menos conocidas de la literatura española, “Iluminaciones en la sombra, crónica de su hundimiento personal y de la capitulación del mundo bohemio.
Recuperado por la editorial Nórdica con un jugoso prólogo de Andrés Trapiello, Iluminaciones en la sombra es un diario que comienza con el primer día del siglo y va dando cuenta del contraste entre la mediocridad de la capital española (“La gente española se apresta a celebrar en 1908 el aniversario de su independencia. ¿Independencia de qué?”) y del hedonismo parisino. También presenta curiosas semblanzas de los protagonistas del modernismo, desde Baudelaire hasta los españoles Pío Baroja y Manuel Machado, y un pequeño autorretrato demoledor en el que se define como “la caricatura, no siempre gallarda, de mí mismo”.
Como apunta Trapiello, Iluminaciones en la sombra “es el primer gran diario de intimidad literaria de la literatura moderna española”. Y sorprende que este libro publicado un año después de la muerte de Sawa, con una cariñosa introducción de Rubén Darío, haya sido hasta ahora inencontrable en las librerías, haciendo honor a su título.
Esta recuperación con motivo del centenario de su muerte en 1909, junto a la biografía de Amelina CorreaAlejandro Sawa. Luces de Bohemia (Fundación José Manuel Lara) hacen justicia a Sawa cuando parecía condenado a ser, para siempre, Max Estrella. Es curioso que el hermoso vencido sea el origen de dos obras maestras: Luces de Bohemia y el epitafio que le dedicó Manuel Machado, uno de los poemas preferidos de Gabriel Ferrater y Jaime Gil de Biedma: “Jamás hombre más nacido/ para el placer, fue al dolor/ más derecho”.
Murió el día 3 de marzo de 1909 loco y ciego, hundido en la miseria en su humilde casa de la calle del Conde Duque de Madrid. Poco antes, el gran bohemio había dicho:
¡Irme, irme! Ya no sueño sino con eso. Irme a una tierra cualquiera donde la villanía no sea el estado social de la gente, donde a lo menos las afirmaciones y negaciones tengan el sentido filosófico que todos los léxicos les prestan, donde el honor se asiente en las almas y no en los labios. ¡Irme, huir de aquí, por dignidad, por estética, por instinto de conservación! ¡Es que yo me noto aún sano en esta sociedad de leprosos!

-Consultad esta página si queréis investigar sobre la interesante vida de Alejandro Sawa y su relación con el Madrid de Luces de Bohemia.
-Guía de lectura de Luces de Bohemia, pincha aquí 
-Vocabulario útil para entender la obra, pincha aquí.
-Si queréis hacer algún día el itinerario madrileño de Luces de Bohemia, aquí tenéis toda la información.  
-Más información sobre la obra.obra 


                                               

                               

       


                                  EL ÁRBOL DE LA CIENCIA, Pío Baroja

 

              -Lectura de El árbol de la ciencia.

             -Guía de lectura, pincha aquí. 

            

 

 

     LOS GIRASOLES CIEGOS, Alberto Méndez

 

 

-Guía de lectura de Los girasoles ciegos

CRÓNICA DE UNA MUERTE ANUNCIADA, Gabriel García Márquez

 

Aquí os dejo varios enlaces del libro donde podéis profundizar en su lectura:
-Guía de lectura de Crónica de una muerte anunciada.
-Artículo que explica el origen de esta novela:

El Periódico(5/XI/2007)

EL CRIMEN QUE SE CONVIRTIÓ EN UNA NOVELA MÍTICA

56 años de venganza

El hombre que desencadenó el asesinato narrado por García Márquez en 'Crónica de una muerte anunciada' narra los hechos reales en que se inspiró la novela.

Rupert Everett interpreta a Bayardo San Román en la versión cinematográfica de 'Crónica de una muerte anunciada'.

MAURICIO BERNAL
BARCELONA
La historia tuvo lugar en 1951 en la región de La Mojana, en el norte de Colombia. Margarita Chica y Miguel Reyes acababan de casarse. Él era un comerciante que todas las semanas navegaba de ida y vuelta el río San Jorge y ella era la maestra del pueblo, y parece que modista en sus ratos libres. "Yo estaba confiado en la virginidad de Margarita --recuerda Miguel, que ahora tiene 85 años y muchas dificultades para hablar seguido sin cansarse--. Preparamos una boda de primera categoría". El matrimonio no duró ni una semana: Margarita no era virgen y Miguel la devolvió a sus padres. Los hermanos lavaron la afrenta matando al que la había desvirgado y Gabriel García Márquez escribió uno de sus libros más celebrados: Crónica de una muerte anunciada.
"Nos casamos --continúa Miguel--, pero al ir al acto sexual ella me esquivó hasta última hora, me apartó, me engañó, no quiso nada conmigo". El Nobel colombiano convirtió a Miguel Reyes Palencia en Bayardo San Román, y a Margarita Chica en Ángela Vicario, y empezó el libro con una frase de la que siempre se ha sentido orgulloso: "El día en que lo iban a matar, Santiago Nasar se levantó a las 5.30 de la mañana para esperar el buque en que llegaba el obispo". Santiago Nasar se llamaba en la vida real Cayetano Gentil: el hombre que murió acuchillado por robarle la virginidad a Margarita.
"La segunda noche le dije: tú me estás vacilando, esta noche te tienes que acostar conmigo porque yo me casé contigo. Ella se defendía y dijo que ya habíamos hecho el amor y que yo estaba borracho y que no me pertenecía".
Miguel vive ahora en Nueva York, pero hace unos días estuvo en Santa Marta, una de las tres grandes ciudades del Caribe colombiano, presentando el libro donde cuenta la historia que inspiró al escritor de Aracataca: La verdad, cincuenta años más tarde. "Yo tenía que explicarles a mis hijos qué era realmente lo que había pasado. Por eso hice el libro".
Aquella noche, la segunda de su matrimonio con Margarita, Miguel decidió no aceptar más largas: "O lo hacemos esta noche o esta vaina se rompe aquí", la amenazó. Y su mujer no tuvo más remedio que ceder. El hombre lo cuenta así: "En el momento de la penetración... ¡epa je! ¿Qué pasa contigo?, le dije. Tú no estás virgen". "Lo que pasa es que desconfías de mí", contestó ella. "No le creo. Esta vaina me la aclara".
Miguel cogió del brazo a su mujer y, con arreglo a las costumbres de la época --y del país--, fue y se la devolvió a los padres. Alertados, los hermanos de Margarita --Víctor y Joaquín Chica, Pedro y Pablo Vicario en la novela-- se presentaron en la casa familiar y le preguntaron qué había pasado. "Cayetano me perjudicó", dijo ella. Los hermanos no se lo pensaron demasiado: fueron a la carnicería, cogieron un par de cuchillos y recorrieron el pueblo anunciando que Cayetano era hombre muerto.
De todos los personajes involucrados en la historia, Miguel es el único que sigue con vida.
Al día siguiente de que los hermanos Chica mataran a Cayetano se fue del pueblo porque le daba miedo correr la misma suerte. Pasó el tiempo y poco a poco dejó de pensar en ello. Treinta años después, en 1981, leyó la novela y se quedó sorprendido por las audacias de imaginación del Nobel. "Me pareció que despistaba", dice. Para entonces se había vuelto a casar y ya tenía varios hijos.
En Santa Marta, Miguel ha contado varias veces los detalles del asesinato de Cayetano. Como es habitual cuando el nombre de Gabo está de por medio, a la prensa local no le ha pasado desapercibida la repentina reaparición de este doble agente de la literatura.
¿Cómo mataron a Cayetano? Sin piedad. Cuando por fin lo encontraron, los hermanos Chica lo tiraron al suelo y lo molieron a patadas. Luego le clavaron sus cuchillos: 18 veces. "El hombre, herido, se tapó el estómago con las manos para que no se le salieran los intestinos y se fue a su casa. La mamá, cuando lo vio, se asustó mucho, cerró la puerta y lo dejó afuera, donde murió".




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